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RICARDO MARTINELLI EL REGRESO DEL AMIGO

Riccardo Francolini.

Por Riccardo Francolini Arosemena

El expresidente Ricardo Martinelli, y mi amigo personal, el verdadero líder y fundador del opositor Partido Cambio Democrático, retornó a su patria para, finalmente, encarar a sus verdugos, quienes injustamente le montaron una implacable persecución en evidente violación a sus garantías procesales, tal como ha sucedido conmigo y otros miembros del colectivo político.

Algunos de los detractores del expresidente pretendieron hacer ver que su salida obedeció a que no quería enfrentar la justicia panameña de los injustos cargos que le inventaron, argumento falaz desde todo punto de vista porque para nadie es un secreto que desde que este gobierno asumió el poder, su interés principal fue montar una campaña de persecución y desprestigio contra Martinelli y el equipo de personas que lo acompañó a gobernar los cinco años más prósperos que ha registrado la historia republicana de nuestra hermosa Panamá.

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El abuso del poder, la falta de garantías a las personas señaladas de presuntos delitos, las violaciones al debido proceso, las claras violaciones a los derechos humanos de los detenidos, el abuso en la aplicación de las detenciones preventivas, el irrespeto al principio de la presunción de inocencia y el no acceso a los expedientes de los abogados de la defensa por parte del Ministerio Público fueron los factores determinantes para dar a conocer en el plano internacional las arbitrariedades que se están cometiendo en nuestro país y fueron la verdadera razón de su ausencia en Panamá.

A su regreso al país, el exmandatario ha vuelto a sentir los abusos y las violaciones a los derechos constitucionales que le confiere la Carta Magna. La decisión del Gobierno panameño de enviarlo por medio de un vuelo privado, el no trasladarlo a un centro médico idóneo para su evaluación de rigor que exige la ley y el traslado arbitrario al centro penitenciario El Renacer sin una orden judicial son parte de las violaciones a sus garantías procesales.

Varios son los abogados que coinciden en que en nuestro país no hay respeto al principio de la presunción de inocencia y menos al derecho de la legítima defensa con los constantes abusos que cometen diversas autoridades. El expresidente Martinelli, una vez llegó a Panamá, debió ser puesto a órdenes de la Corte Suprema de Justicia, pero sin importar con el debido proceso y con lo que establece el Tratado de Extradición, firmado por la República de Panamá y los Estados Unidos en 1904, el exmandatario no recibió una evaluación médica ni en un centro médico ni en el Instituto de Medicina Legal, lo cual es violatorio al Estado de derecho, afirmaron varios abogados.

Es lamentable que un gobierno obligado por ley y los tratados internacionales y que debió mantener informado al país sobre los pasos por seguir en un proceso de extradición, pero fue todo lo contrario. De manera irrespetuosa, a la ex primera dama Marta Linares de Martinelli la tenían de un lado a otro, en espera de ver a su esposo. La hicieron trasladarse al aeropuerto de Howard, en Panamá Pacific, y el exmandatario llegó al Aeropuerto Internacional de Tocumen. Posteriormente, se trasladó al Hospital Santo Tomás para cerciorarse de la evaluación médica de Martinelli y resulta que lo enviaron al centro penitenciario El Renacer.

Por un lado, me alegro de que nuestro máximo líder de Cambio Democrático esté de vuelta a Panamá, la tierra donde nació, se educó, formó su familia y forjó sus empresas con mucho sacrificio. Sin embargo, nos entristece que sigue siendo víctima de un gobierno perseguidor, que no ha cesado su interés en destruir física, espiritual y económicamente a sus adversarios. Yo he sido una de estas víctimas, a quien se le ha negado una legítima defensa; se nos ha aplicado arbitrariamente una orden de detención preventiva por encima de la ley, en síntesis somos víctima de un cruel secuestro del Gobierno.

Estoy seguro de que tanto Ricardo Martinelli como yo no vamos a rendirnos ante nada y ante nadie. No vamos a claudicar de nuestro anhelo de ver un Panamá próspero, con crecimiento económico y desarrollo humano. Podrán ejercer todo tipo de presión para intentar hacernos doblegar, pero nuestra voluntad y convencimiento de que somos la mejor opción para rescatar y devolverle la esperanza a este noble pueblo panameño nos obliga a continuar con ese legado que nos dejó hace cinco años Ricardo Martinelli.

Martinelli y yo estamos dispuestos a enfrentar la justicia basados en un Estado de derecho, y no existe ninguna duda de que demostraremos nuestras respectivas inocencias porque somos víctimas de un sistema de persecución que inició este gobierno desde el 1 de julio de 2014, para someter no solo a dirigentes, que le demostraron a más de cuatro millones de panameños que cuando hay voluntad con mentes progresistas, se pueden perseguir sueños y construir un futuro, sino a todo un país y acabar con sus más grandes ilusiones.

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