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SALVEMOS EL FUTURO DE LOS NIÑOS DE PANAMÁ

Por: Por Riccardo Francolini Arosemena -

La educación fue, es y será la única vía para que los pueblos del mundo salgan de la pobreza, para que los países alcancen altos niveles de desarrollo económico y humano donde todos los sectores sociales puedan satisfacer sus necesidades y tener las oportunidades a las que tienen derecho.

El sistema educativo panameño ha tenido en estos casi 30 años de democracia una serie de transformaciones estructurales y curriculares en las cuales aún no se logra alcanzar la máxima deseada, pese que uno de los mayores presupuestos del Estado panameño está precisamente en el Ministerio de Educación.

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Yo, que he visitado hasta los más recónditos parajes de este país y me he reunido con diferentes grupos de trabajadores, campesinos, estudiantes y líderes comunitarios les puedo decir con certeza, que la solución al problema educativo no está únicamente en dotar a este Ministerio de mayores recursos. Este es un tema que se tiene que resolver integralmente, es decir, que se tome como un tema de Estado y no de manera particular o individual.

Uno de los graves problemas que todavía afecta a los niños de edad escolar es el trabajo infantil, una actividad provocada naturalmente por la pobreza o pobreza extrema, la violencia en los hogares, metas incumplidas de los gobiernos y también producto de un patrón cultural étnico. Y lo peor de todo esto es que esta condición de pobreza tiene a su vez una serie de consecuencias que afectan a los menores desde sus derechos, su autoestima y crea una profunda herida de desigualdad en la sociedad.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República, unos 26 mil 710 niños entre 5 y 17 años están en áreas de trabajo, como por ejemplo Bocas del Toro, Darién y las zonas comarcales, tal es el caso de niños de la comarca Ngobes o Buglés, quienes abandonan regularmente la escuela para trasladarse hacia la frontera costarricense a cultivar café u otros productos.

El 75 por ciento de menores que trabaja en el país pertenece a zonas rurales y en su mayoría procede de los pueblos originarios. La Organización Internacional del Trabajo, entre otros organismos de protección de los niños contemplan en sus estatutos que ninguna persona menor de 18 años debe realizar trabajos que atenten con su salud y la moral.

En este aspecto podemos decir que el próximo gobernante tendrá en sus manos la decisiva tarea de reformar el sistema educativo panameño, dejando a un lado cualquier interés político o de grupo, porque la educación nacional no puede esperar más, hay que modernizarla, capacitarla, dotarla de los recursos necesarios para colocarla en los niveles de excelencia que todos deseamos. Donde nuestros hijos puedan tener la oportunidad de formarse con los altos stándares que tiene otros países.

Para tener una educación de excelencia las autoridades, docentes y profesionales deben replantear los proyectos educativos, el uso de tecnología educativa actualizada; llevar a cabo programas de capacitación no sólo a los docentes, sino a los administrativos, porque este es un trabajo de equipo. Mediante foros, debates y recursos didácticos se podrá alcanzar esta meta.

Me uno a todos aquellos panameños que estamos convencidos de que hay que rescatar a nuestro país del abismo en que este gobierno nos ha sometido sin excepción. Es por ello que insistimos que “lo bueno vuelve”; hay que devolverle la esperanza a todos los panameños, y demostrar al mundo que no estamos perdidos, que tenemos un candidato con una alta sensibilidad social y que será capaz de enfrentar a los más grandes adversarios para cumplir con sus promesas. Rómulo Roux es el candidato y tiene la capacidad de gobernar con honestidad y entrega total.

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