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Amenazas inaceptables

En los tiempos de la tenebrosa dictadura militar existía un organismo conocido como el G-2 o servicio de inteligencia, el cual fue utilizado por los detentadores del poder para perseguir y amedrentar a los luchadores por la democracia en aquella oscura época del devenir nacional.

Hoy, en democracia, parece que ese prurito dictatorial no ha mermado en algunos que ocupan altos cargos en la llamada “seguridad nacional”, toda vez que un ciudadano que presentó una denuncia contra el secretario privado del presidente Juan Carlos Varela, hizo público que sujetos desconocidos, pero identificables, se presentaron en su vecindario, pidiendo señales de él.

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En democracia, los organismos de seguridad no pueden utilizarse para amedrentar a ciudadanos o como instrumentos de persecución política, y que desnaturalizan su fin que es el de velar por la tranquilidad social y la seguridad de todos los asociados.

Tales conductas, que se creían superadas con el advenimiento de la democracia, al parecer están tomando cuerpo nuevamente, lo que es inaceptable en un Estado de derecho.

Resulta intolerable para la salud de las instituciones democráticas, la amenaza e intimidación a todo aquel que presente una denuncia contra un burócrata. Repetimos, nadie está por encima de la ley.

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