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Escándalos

Por: -

Por Aneldo Arosemena

Periodista

La idiosincrasia de los pueblos también se conoce por ciertas conductas que pasan a ser parte de su acervo cultural.

En el caso del panameño se dice que somos alegres y dichareros por naturaleza y que se nos reconoce a nivel internacional, sin embargo, esa característica también es una debilidad porque en nombre de esa alegría innata nos hace indiferente a los grandes problemas que nos afectan.

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Caso típico es el de las barriadas de clase media de nuestra ciudad, que se han convertido en verdaderas cantinas al aire libre.

Lo cierto es que este tipo de conductas escandalosas son más que nada mecanismos de evasión psicológica de pueblos alienados, que intuyen su propia miseria moral y material, pero que no saben cómo enfrentarla, que no sea con conductas distractivas y estériles.

Solamente así es que nos explicamos cómo esos mismos que liban en las esquinas, que molestan a sus vecinos con su estridencia vulgar, son los que votan por los mismos políticos rapaces que solo quieren robar y corromper a la sociedad con sus impúdicas conductas.

Las autoridades administrativas también son cómplices de las conductas antisociales, ya que se resisten a actuar con mano dura cuando son llamadas a intervenir y poner orden en los escándalos y consumo de licor en la vía pública.

Tales conductas traen aparejada la entronización de antivalores en niños y jóvenes que crecen viendo estas conductas y la asumen como propias, porque las consideran naturales, reproduciéndose así el fenómeno hasta el infinito.

Mientras los Gobiernos no eduquen a sus pueblos, mientras no se predique con el ejemplo, la sociedad seguirá descendiendo en esta espiral de antivalores.

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