Se encuentra usted aquí

Block title
Block content

Por: Por Milcíades Ortiz Catedrático -

Desde los años 70 del siglo pasado, me ha interesado como sociólogo y periodista el problema social del trabajo y la explotación infantil. He hecho diferentes entrevistas a personas de todo nivel sobre esta situación. Hoy puedo decir que existe una confusión entre lo que es el trabajo de menores de edad y la explotación de niños, casi siempre causada por adultos. Estoy en desacuerdo con que los niños sean explotados, pero sí apoyo el trabajo de menores como un instrumento educativo y de respaldo económico para la familia.

Recuerdo el caso de un profesional millonario, que de niño barría y limpiaba servicios. Otro adinerado luego de la escuela iba a vender ropa en el negocio de sus padres. Son variados estos casos. A ellos no les afectó esta experiencia. La consideran aleccionadora, que les permitió conocer desde niños el valor del dinero y la responsabilidad. Ninguno se quejó que había “perdido su infancia”...

Publicidad

Pero esto no solo ocurre con la gente de dinero. Humildes campesinos me han dicho la ventaja de llevar a sus hijos a su trabajo en el campo. “Así mi hijo aprende cómo me gano la plata honradamente”, me dijo un padre. Añadió que también mejoraba la relación padre e hijos, ya que tenía más oportunidad de hablar con el niño. Mecánicos, talabarteros, obreros de la construcción, comerciantes, etc., me han dicho lo mismo.

En los últimos años, algunos padres han agregado a sus razones para tener a sus hijos ayudándolos en sus trabajos, que así pueden vigilarlos. Recuerdo una humilde trabajadora de una camaronera que afirmó que era mejor tener al chiquillo a su lado que dejarlo solo en la casa donde no se sabe qué malas amistades pueden corromperlo. Además, indicó: “Me ayuda a conseguir algo más de dinero para las necesidades de la casa”. (Esta es la realidad de muchos hogares panameños).

En Estados Unidos y otros países desarrollados, existe la subcultura del trabajo infantil como preparación para la vida adulta. Hijos de millonarios no tienen vergüenza de vender periódicos ni hamburguesas… Esto es distinto a que los menores sean explotados por bellacos. Como periodista hemos combatido siempre este delito. (Llama la atención la “hora panameña” en varios actos sobre el expresidente. Comenzaron bien tarde…).

.

Block title
Block content
Block title
Block content
Block title
Block content
Block title