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Los acusadores serán los acusados

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En los países tropicales de Latinoamérica está siendo muy de moda  juzgar políticamente a los gobernantes salientes y pasados, o quien tenga arraigo popular o puede ser electo. Esta historia, con más o menos ribetes, se repite en nuevos lares, abriendo la oportunidad para continuar la misma vorágine al salir contra los que están. Pareciera ser no hay excepciones  y estos escándalos  se han convertido en un circo de distracción mediática para desviar la atención de otros problemas e igual para ajustar cuentas personales, odios, vendettas, etc. La presunción de inocencia es irrelevante, solo la culpabilidad que previamente es ejecutada por sus medios afines o amarillistas.

Hay que parar esta espiral hacia abajo, que de seguir, podría tener consecuencias que todos lamentaremos. Lo malo es que hay quienes incitan desde afuera sin saber los resultados, aun a sabiendas de que estamos cerca del precipicio. Muchos creen que a ellos nada les pasará, y critican a otros, tipo diputado Rosas, Berguido y otros encumbrados. Estos piensan que están o tienen la protección de este o de x gobierno en el Norte o bien que no han hecho nada, según su parecer, pero mejor pregúntenles a los Lula o a mi persona sobre eso.

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Hablando de este folclórico personaje que sacó de la pobreza a más de 28 millones de brasileños, cambió radicalmente la estructura político social, mejoró la educación, infraestructura, salud y muchas cosas más que le dieron la más alta popularidad en la historia. Corrió en cuatro ocasiones a la Presidencia y provenía del sindicato metalúrgico; sin embargo, logró transformar Brasil y lo convirtió en la sexta economía más rica del mundo.

Viene el escándalo Lava Jato, donde queda embarrada mucha gente de todos lados, algunos de los cuales no han salido aún por estar en el poder y han podido evitar que los mencionen por el momento, o bien han evitado que los investiguen por controlar la justicia selectiva. El tiempo y los cambios de las estructuras gubernamentales harán posible que sepamos toda la verdad en un futuro próximo.

Esto me lleva a analizar cuando los políticos quieren inhabilitar judicialmente a sus adversarios que puedan hacerles "sombra". Lo malo de esto es la martirización que los catapulta y se imposibilitará sacarlos, ya que pueden endiosar o bien apoyar a otros traspasándoles esa "magia".  Esto parece ser lo que sucederá en Brasil y cuidado en Panamá, al apoyar a otros con el legado de uno para  destronar a los que violan la ley. La diferencia entre Lula y Martinelli es simple, el primero ya está condenado por peculado o enriquecimiento ilícito, y RM no lo está y sus acusaciones políticas varían desde abuso de autoridad, supuesta pérdida  de “software”, mas no peculado o delitos financieros. Son similares porque a ambos por el odio, la envidia y vendetta personal al querernos inhabilitar para no poder correr a un puesto de elección y meternos presos.

A Lula se le condena políticamente, ya que una empresa en una delación dice que le dio un apartamento a cambio de algo. Lo malo es que este inmueble no es de él, no lo conoce ni lo ha vivido  y todo lo niega rotundamente, pero al estar en la cima de las encuestas hay que sacarlo de combate a como dé lugar. En la cárcel, ya condenado, lo convertirán en un mártir, tipo Mandela, y desde allá  endiosar al próximo presidente de Brasil, seguro de su partido u otro. De esa forma, él podrá reivindicar su nombre cuando la política salga de la justicia. Lo único negativo es que no lo veo con ánimo de perdonar a quienes se han pasado la línea imaginaria de lo político a lo personal. Hay que dejarle eso a la justicia y al karma divino que se encargue de ellos.

Mi caso es similar en muchos aspectos. Todo parte de una supuesta humillación que le hice a Varela que se convierte en un odio africanizado hacia mi persona, familia, allegados, partido, negocios, vida personal, etc. Todo para humillarme, denigrarme, meterme preso, quebrarme y, si pudiera, matarme, estoy seguro que está en su oculta carta de deseos de Navidad.

En mi caso me han inventado de todo y estos procesos se han ido cayendo todos paulatinamente; sin embargo, en este caso  jamás fui notificado, ni imputado (conocer de qué se me acusa), pero sí fui acusado directamente, con testigos falsos, testigos protegidos inexistentes, pruebas amañadas sin evidencia alguna o señalamiento directo, tanto aquí en Estados Unidos como en Panamá, con el solo hecho de justificar una extradición y condena posterior.

Estoy lejos de ser un gran estadista y hombre como Lula,  que es de otra categoría, por lo cual estoy más que seguro él retornará al poder en Brasil, pero sí me siento en sus mismos zapatos y lo comprendo. Sé por la injusticia que está pasando y tanto como él espero afrontar pronto este proceso injusto y político para no solo dilucidarlo y resolverlo, sino también denunciar todas las arbitrariedades cometidas, que si bien ahora caerán  en oídos sordos, en algún momento se les aplicará todo el peso de la ley a quienes la han infringido, no solo conmigo, sino con otros perseguidos más.

No soy de amenazar, siempre perdono, pero creo que esta vez han ido demasiado lejos, no solo conmigo, mi familia, sino con muchos otros y con el país mismo. Este va más allá de la decencia y tolerancia. Yo los perdono, pero la justicia no lo hará. Pronto sabremos toda la verdad y veremos muchos casos  que a los que tildan de culpables serán inocentes y los acusadores serán acusados. Ha sido así en muchos lados. Lean historia y lo verán, porque nadie se va de un restaurante sin pagar la cuenta.

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